EL VICIO DE LA GALLINA

EL VICIO DE LA GALLINA
¡¡En septiembre arrancamos la IV Temporada!!

28 feb. 2016

49º Vicio: Homenaje a Metodi Kirilov


 
ESCALETA:

Editorial  (música Tchavolo Schmitt / Mandino Reinhardt. Arc du ciel. BSO Swing Tony Gatlif)

Relunatics Klezmer Band

Li Mon Diplomatique
Actuación Mar de Fondo
Entrevista Metodi Kirilov
Actuación Alberto Saura
Agenda
Actuación Cere Vera
Actuación All Freedom
Pepico Baldosa
Cierre All Freedom + Metodi Kirilov

EDITORIAL:

Los adoquines nacieron algo más que para ser pisados. Los adoquines, en sus sueños mojados sueñan con que el gris del cemento armado se emborracha de melodías imposibles.
Sueñan los adoquines que son notas sobre un pentagrama blanco roto de cotidianiedad.

Cuando nadie los ve, se lían los adoquines minúsculos cigarritos que rellenan con aquellas palabras poéticas que algunas transeúntes dejan caer con descuido de sus bolsillos.
Mientras que hay luz, mientras que hay pisadas, ellos permanecen inmóviles para no alterar el desconcierto. Juegan a la estatua, como aquel mimo de la esquina cuyos nervios ya se cuajaron para no temblar.
En días imprevisibles cuando la botella se anuda al cuello un pañuelo color azul, las calles de estos adoquines se llenan de música como bandadas en el cielo en cada cambio de estación. Esos días de flecos al viento, los adoquines disfrutan porque la valentía se llenó el pecho de un nuevo artista que se armó de paciencia y repertorio para asaltar las esquinas con mejor acústica de la ciudad.
Entonces hay disfrute, entonces la retina de sus ojos brilla amarillo limón porque se les llena el gaznate de estribillos más o menos afinados que recuerdan a aquellos violinistas sobre el tejado que un día se les vio relinchar.
Dura la eternidad un segundo, hasta que los hombres de gris barren con sus escobas de orden a la subversión del desplazamiento, barren a quienes hacen de aceras pistas de baile, congelando por momentos el latido de la vida entre rascacielos. Dardos ordenanza o civismo alcanforado hieren como esquirla en el borde de la copa, hieren la opción de latir entre escaparates, de bailar entre maceteros, de sentir entre carteles de rebajas.
Vagos y maleantes huyen a la fuerza y dejan, a los adoquines, desolados de tanta sordera esquizofrénica. Sienten, desde el abandono, los adoquines, que mereció la pena esperar a que se desenfundara aquella funda de guitarra, se maquillaran aquellos pómulos o se afinara aquel violín.
Esperan, los adoquines a que por mucha lluvia que caiga, un día vuelvan a sonar en sus calles la melodía libre que los convierte, siendo adoquines, en notas musicales sobre el pentagrama.


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